El método

Vamos a comenzar nuestro análisis partiendo de un planteamiento simple, alejado de la realidad que deseamos comprender, poniendo una serie de restricciones y creando un modelo que nos sirva como punto de partida, pero incluyendo elementos de la realidad capitalista, elementos a los que estamos expuestos en nuestro diario vivir, para así ir poco a poco sentando las bases de un estudio más completo y cercano a la realidad del capitalismo.

Asumamos primero que estamos analizando un espacio cualquiera donde habiten seres humanos. A partir de ahora le llamaremos a este espacio “el territorio”, el primer elemento que introduciremos en nuestro análisis, pues toda actividad económica ocurre dentro de un marco geográfico y el capitalismo, que ha llegado a ser un fenómeno mundial, no es la excepción. Si lo desea puede imaginar este espacio como un pueblo, una ciudad, un país, aunque esta distinción de momento no resulta importante para nuestros objetivos (por muy vital que sea cuando nos acercamos más y más a lo que verdaderamente constituye la sociedad capitalista).

Cuando hablamos de actividad económica en un territorio nos referimos al conjunto de actividades mediante las cuales las personas que habitan tal territorio utilizan y distribuyen los recursos materiales, intelectuales, tecnológicos a través del tiempo para satisfacer tanto las necesidades personales de cada cual como las necesidades de la sociedad en sí misma, proceso que a lo largo de la historia ha tomado varias formas, como varias formas pueden surgir desde nuestra imaginación, pero que en el capitalismo toma sus formas particulares, que lo llegan a definir como tal y nos permite estudiarlo.

La primera restricción de la que nos haremos valer es que toda la actividad económica que pretendemos analizar ocurre exclusivamente dentro del territorio en cuestión. La existencia o no de otros territorios no cambia nada, pues asumimos que entre nuestro territorio y cualquier otro no existe ningún tipo de interacción. Se puede usted imaginar un país que no importa o exporta productos, que no recibe turistas, que no permite la contratación de trabajadores extranjeros o no intercambia su divisa por otras… una simplificación que, por supuesto, es irreal, pero que nos servirá para echar a andar y sacar las primeras conclusiones.

Si hablamos de capitalismo el segundo elemento que introduciremos no se le escapa a nadie: el dinero. Tenemos que asumir que en el territorio opera alguna forma de dinero aunque de momento no nos interese conocer su naturaleza, como por ejemplo, saber si se trata de monedas fabricadas a partir de metales preciosos como el oro o la plata o se trata de billetes de papel.

Teniendo en cuenta que estamos operando en un territorio que asumimos totalmente aislado, el dinero circula, se mueve, pasa de una persona a otra, de una empresa a otra, solo dentro del territorio. Jamás ni entra ni sale, no ya mediante transacciones, sino que el dinero ni se produce ni se destruye. Tampoco se ahorra ni se pone en reserva para el futuro. En otras palabras, todo el dinero existente está en circulación.

Como estamos asumiendo que el dinero ni se crea ni se destruye, vamos a trabajar entonces con una cantidad fija, constante, de dinero D que se distribuye dentro del espacio, entre personas o entidades:

D = d1 + d2 + d3 + d4…, etc.

Una restricción severa, pero valiosísima.

 

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